lunes, 5 de diciembre de 2016

Consideraciones sobre el Concurso “Soleá de Alcalá” 2016


Estilos de Alcalá
En general continúa la pauta de todos los años de usar preferentemente los estilos más habituales y conocidos, tal y como podemos ver según el número de veces que han sido interpretados:
· Joaquín el de la Paula 1 – 41 veces interpretado
· Joaquín el de la Paula 2 – 38
· Joaquín el de la Paula 3 – 36
· Joaquín el de la Paula 4 – 4
· Agustín Talega 1 – 24
· Agustín Talega 2 – 1
· Andonda 1 – 22 (Estilo trianero considerado ya casi imprescindible cuando se liga a estilos de Alcalá)
· Juan Talega – 13 (Se admite la letra/estilo que A. Mairena atribuye a Noriega “Si el mundo tuviera asas”)
· Roesna 1 – 3
· Roesna 2 – 0
· Antonio Mairena 1 – 0
· Joselero – 0 (Parece que la versión híbrida de estilos Juan Talega-Juaniquí de este cantaor de Morón no cuaja en los concursos alcalareños, lo que no quiere decir que no sea una soleá de hermosa factura.)
· Jilica 1- 2
· Jilica 2 - 0

Es agradable escuchar en concurso los estilos de La Roesna que se suelen cantar muy poco, y como novedad, en esta edición hemos escuchado también uno de los estilos de La Jilica de Marchena, de gran implantación en Alcalá, en boca de Lucía Beltrán (Trigueros, Huelva) y Carmen Santiago (Huelva). A ver si cunde el ejemplo.
 
Lucía Beltrán

Carmen Santiago


Las letras

Hay letras de soleares con mucha “sustancia” y otras que sin tener un gran valor poético, nos transportan igualmente hacia un estado de bienestar, de disfrute, seguramente porque las asociamos a personajes o momentos especiales.  Son las letras clásicas que cantaban Manolito el de María, Juan Talega, Antonio Mairena… Por otro lado, hay que destacar a varios intérpretes que tuvieron el mérito, bien de buscar bonitas coplas octosílabas de 3 y 4 versos que adaptaron a los diferentes estilos de soleares de Alcalá o bien de cantar nuevas composiciones, como Carlos Guillén (Mairena del Alcor), Antonio Sánchez (Coria), Lucía Beltrán (Trigueros), Rafael medina (Almonte), Carmen Santiago (Huelva), Paco Giráldez (Mairena del Alcor), Antonio Ortega (Mairena del Alcor), Vanesa González (El Viso del Alcor), Araceli Campillos (Lucena), Manuel Romero (Sevilla),  Miguel El Canario (El Saucejo), Manuel Reyes (Huévar), Cano Berlanga, El Jaro (Villa del Río), Manolo Cordero (Cabezas de S. Juan), Pepe Manfredi (Aznalcóllar), Antonio Nieto (Lucena). Felicidades a tod@s ell@s, ya que su esfuerzo no ha pasado desapercibido.



Algunas ideas:
·       La duración excesiva del cante no beneficia al intérprete y además se penaliza. Realizar 4 o 5 coplas o estilos de soleares, ajustándose al tiempo máximo de 6 minutos, es suficiente para que el público y el jurado se hagan una idea de las capacidades del intérprete. Algún intérprete ha ejecutado hasta 7 coplas por soleá y para colmo lo ha hecho repitiendo estilos de Alcalá.
·       No conviene repetir estilo. El uso de distintos estilos de soleares de Alcalá y el orden en el que se combinan indican el conocimiento que el intérprete tiene del grupo de soleares de Alcalá.
·       Las soleares de Alcalá se pueden hacer pausadas o más rítmicas. Personalmente las prefiero más rítmicas. Lo mismo me ocurre con las seguiriyas, aunque en el flamenco hay intérpretes que te revuelcan de gusto con su cante de cualquier manera. Pero de éstos, desgraciadamente hay pocos, y abundan los recursos operísticos en el flamenco. Como decía un anuncio de la tele “la potencia sin control no vale de nada”. El cante hay que “recogerlo”, mecerlo y sentirlo. Luego están las cuestiones técnicas de compás y afinación, que no son cosas livianas o de poco mérito y requieren mucho esfuerzo y aprendizaje. Todo cuenta.



Anécdotas y curiosidades:
Como curiosidad decir que hubo un joven intérprete de Sevilla, Frasco del Chacón, que interpretó las soleares puesto en pie y micrófono en mano. Todavía tiene algo que aprender respecto a las soleares, pero no me negarán que tuvo arte.

Un par de concursantes entremetieron estilos no admitidos como soleares de Alcalá, en concreto:
·       el estilo de la Serneta 3 (Utrera) con una atípica letra de Manuel Torre de extensa métrica del verso “Que tu querer ha terminao/yo me creía que había sío un ensueño/y a lo pasaito, pasao”
·       el estilo de El Quino (Triana) que cantaba Platero de Alcalá con la letra “Abujitas y alfileres/se las claven a mi gitana/cuando la llamo y no viene”. El concursante usó la letra “Compañera no regañes…”. No es la primera vez que se canta este estilo como soleá de Alcalá y realmente no tiene gran importancia de cara al jurado si se hace en la fase clasificatoria. Al público no le resulta extraño e incluso agradece la novedad. Personalmente, y en honor a Platero, creo que debería admitirse a concurso para darle más amplitud y colorido, pero esto es sólo una opinión personal.


Otros cantes:
Esta edición del concurso ha sido algo pobre en cuanto a la variedad de cantes o palos del flamenco interpretados. Los palos más cantados han sido, después de la soleá, las seguiriyas, cantiñas, bulerías y tientos-tangos.
También han sonado en alguna ocasión y de forma esporádica; malagueñas y abandolaos, granaína, petenera, farruca, milonga, guajira, mariana, caña, fandangos naturales, minera, taranta y tonás.


El concurso:
Ya he manifestado en más de una ocasión que soy partidario de los concursos, a pesar de que puedan tener algún aspecto negativo.
Como aspectos positivos hay que destacar que los concursos de cante:
·     Promocionan y divulgan el flamenco.
·     Mantienen vivo el flamenco clásico, el flamenco de base, elevándolo a la categoría de otras músicas clásicas.
·     Fomentan la preparación musical y el estudio de los estilos por parte de l@s concursantes.
·     Dan vida a muchas peñas flamencas y constituyen una parte muy importante de su actividad.
·     Hacen una promoción turística de la localidad.
·     Los ganadores y demás concursantes seleccionados para las finales son premiados y reconocidos, hecho que contribuye a su promoción artística.  
·     El público disfruta con el espectáculo


Como aspectos negativos:
¾   Se evalúa el cante de un artista en un momento, un lugar y en unas condiciones determinadas (p. ejemplo; un público frío o poco público…), sin tener en cuenta otros factores.
¾   La desilusión puede afectar a algunos participantes al no ser seleccionados. Pueden llegar a creer que no tienen determinadas cualidades para realizar un determinado cante, o que su voz no es apropiada… aunque esto ocurre poco según mi experiencia, porque el/la aficionado/a al cante va a continuar cantando siempre por encima de todo y de todos.
¾   En ocasiones la elección de un ganador es muy difícil, bien por la alta calidad de los competidores o bien por todo lo contrario. Para la elección, en el primer caso el jurado no tiene más remedio que recordar y comparar pequeños fallos o matices que realmente tienen poca importancia, lo cual conlleva algo de injusticia y bastante subjetividad, porque hablamos de arte, no de matemáticas. En el segundo caso, resulta bastante descorazonador para los componentes de un jurado, dilucidar cuál de los finalistas ha sido “el menos malo” (pido perdón por la expresión pero creo que ayuda a comprender el concepto). En estos casos, está la opción de dejar algún premio “desierto”. Personalmente reconozco que no tengo una opinión firme al respecto, ya que no estoy seguro del alcance de los beneficios o perjuicios que este hecho puede aportar a un concurso.  Puede que el concurso trate así de mantener un cierto prestigio, pero evidentemente los artistas salen perdiendo.
¾   La elección de un jurado excesivamente chauvinista o localista, que beneficie a los artistas locales, perjudica a los concursos en general ya que desanima a los participantes y pierde el respeto del público.
¾   Los intereses económicos o comerciales de productores musicales, mánagers y familiares de concursantes, profesores y enseñantes de este arte que presentan a sus alumn@s a concurso, peñas flamencas, políticos y políticas entrometid@s, etc… pueden llegar a ser un ariete en la línea de flotación de cualquier jurado. Los comentarios para desacreditar a un jurado, o poner al jurado a favor o en contra de un artista, o de un determinado estilo de cante (camaroneros, caracoleros, marcheneros…), tanto si se realiza in situ en el desarrollo del propio concurso como a través de las redes sociales, por parte de estos colectivos citados, tienen un claro perfil acosador cuando se oculta el verdadero interés que les mueve a actuar de esa forma. Evidentemente es legal, pero en su caso no creo que sea legítimo. Cuando alguien se inscribe en un concurso, debe aceptar las bases y por tanto, la posibilidad de no obtener premio.


Por otra parte, discrepar del veredicto de un jurado es otra cosa, que es normal y consuetudinaria a los concursos. Si todo el mundo estuviera de acuerdo con el veredicto del jurado, los concursos perderían parte de su gracia.
Hay que tener en cuenta que la primera cualidad de un miembro del jurado, además de ser aficionado, es “tener gusto en el flamenco”, y el gusto de cada uno no suele coincidir. Si además el jurado posee conocimientos más extensos sobre cualquier rama o ciencia del flamenco (cante, baile, toque, música, historia, literatura…), pues mucho mejor.



A veces nos quejamos de la baja calidad de los concursos, pero debemos darnos cuenta de que ya no vamos a ver en lo alto del tablao a la Niña de los Peines, a Mairena, Caracol, Marchena, Camarón… Pero en cambio vamos a ver a gente que siente pasión por el flamenco, que se ha desplazado desde su lugar de residencia con el esfuerzo de su familia/amigos en muchos casos, que ha estudiado y preparado los cantes, que reprime los nervios y trata de sacar lo mejor de sí, que se ha “jartao” de pastillas porque viene con media gripe en lo alto, en fin, gente que merece un respeto por subirse a un escenario y esforzarse, gente que, por desgracia, pertenece a una minoría dentro del mundo musical moderno. Creo realmente que lo que ocurre es que nos volvemos muy exigentes y en un tiempo donde casi no quedan mitos vivos del flamenco, todavía necesitamos ese “pellizco” que rara vez encontramos en un concurso. Pero es lo que hay, y por ello no hay necesidad de machacar u ofender a los participantes de un concurso o a sus familiares/amigos pregonando que un determinado concurso no ha tenido calidad, porque además, suele ser una mentira “a medias”, como mínimo.